Tinnitus: Med. Sensación auditiva que consiste en percibir sonidos que no
proceden de fuentes externas
Lo que estas a punto de leer, NO es una historia real, pero podría haber ocurrido…
Entraron y él
se sentó en el sillón de la consulta, ella, se colocó a su lado, tímida, con
las piernas muy juntas, casi apretadas, las manos, en el centro, inquietas arrugaban un papel,
mientras estiraba la tela de su pantalón de mezclilla. Él, tenía el rostro severo, un rictus de amargura
que decía a gritos que nada de esto le gustaba, quería saber si su hijo de 4
años era homosexual…
Pensé en aprovechar la oportunidad para educarlo, entregarles
oportunidades y ampliar sus horizontes, su consulta, más que una simple anécdota,
mostraba un estilo de vida, unos conflictos potentes y torturados dentro de ese
matrimonio.
No es posible
determinarlo en una etapa tan temprana de la vida, comienzo diciendo, en algún punto
del monologo este señor exclama un “¿Ah?” corto, demasiado breve con un par de decibeles
por encima de lo necesario, lo hace siempre, lo usa para intimar a sus
interlocutores, lo consigue… no a mí, a ella, es inevitable ver un ligero temblor
en ella… mi padre lo hacía, no tiene efecto en mí, en otros quizás, pero acá
soy el perro más grande…. ¿Tiene problemas auditivos? Pregunto, con el rostro de preocupación legítima,
se sabe descubierto, sabe que no lo consigue.
Continuo con el monologo hasta
que llego al momento crítico.
La única forma de que un niño sea feliz, es que la madre, sea una madre feliz, una mujer feliz, si la madre está bien, el niño lo estará…. La miro con disimulo, las lágrimas son evidentes, abundantes y silenciosas, el, la mira de reojo, le toma la mano y ella tiembla, se disculpa y trata de esbozar una sonrisa que muere en una mueca de dolor, la he visto en otros rostros, con moretones, con angustias, en mi madre…
La única forma de que un niño sea feliz, es que la madre, sea una madre feliz, una mujer feliz, si la madre está bien, el niño lo estará…. La miro con disimulo, las lágrimas son evidentes, abundantes y silenciosas, el, la mira de reojo, le toma la mano y ella tiembla, se disculpa y trata de esbozar una sonrisa que muere en una mueca de dolor, la he visto en otros rostros, con moretones, con angustias, en mi madre…
Se marchan, ¡esto no sirvió de nada!, dice el señor.
Lo lamento,
digo para mí, mientras me despido cortés….
Puta la wea,
mierda de mierda, me dan ganas de tomarla de la mano, empujar al pelotudo fuera
de la oficina y decirle huye, escapa, se libre, es evidente que eres infeliz,
estas prisionera….
Pero la veo marcharse, tiritando, quien sabe que ocurrirá en
su casa esta noche.
Como siempre, gracias por leerme.

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